Martes, 7 de marzo

 En esta mañana queremos hacer esta oración:

En la tierra nueva

las casas no tienen llaves

ni los muros rompen el mundo.

Nadie está solo.

No se habla mucho del amor,

pero se ama con los ojos,

las manos y las entrañas.

Las lágrimas son fértiles,

la tristeza se ha ido

para no regresar,

y se ha llevado con ella

la pesada carga

del odio y los rencores,

la violencia y el orgullo.


Es extraña la puerta

que abre esa tierra:

es la sangre derramada

de quien se da sin límite,

es la paciencia infinita

de quien espera en la noche,

es la pasión desmedida

de un Dios entregado

por sus hijos; nosotros,

elegidos para habitar

esa tierra nueva.


J.L. Olaizola, sj


Aclamación: Muéveme: