Lunes, 6 de marzo
Ayer domingo se proclamaba el evangelio de la Transfiguración. El episodio del monte Tabor. En él, Cristo se transfigura ante Pedro, Juan y Santiago, mostrándose como Hijo de Dios.
Hoy comenzar el día con el siguiente poema de la Liturgia de las horas que nos invita a vivir nuestra propia experiencia:
Transfigúrame, Señor, transfigúrame.
Mas no a mí solo,
purifica también
a todos los hijos de tu Padre
que te rezan conmigo o te rezaron,
o que acaso ni una madre tuvieron
que les guiara a balbucir el Padrenuestro.
Transfigúranos,
Señor, transfigúranos.
Si acaso no te saben, o te dudan
o te blasfeman, límpiales el rostro
como a ti la Verónica;
descórreles las densas cataratas de sus ojos
que te vean, Señor, como te veo.
Transfigúranos,
Señor, transfigúranos.
Que todos puedan, en la misma nube
que a ti te envuelve,
despojarse del mal y revestirse
de su figura vieja y en ti transfigurada.
Y a mí, con todos ellos, transfigúrame.
Transfigúranos, Señor, transfigúranos.
Transfigúrame, Señor, transfigúrame.